Ojeada

Quise observar el color
de la mimbrera
y detallar las horas
heridas del tiempo pálido,
Estaban allí amenazantes,
rígidas, indemnes.
Mis ojos estáticos hicieron
el balance del dolor
y la quietud de los instantes.
Pasó el invierno…
las hojas emparamadas
buscaron el abrigo
guardado en la colina.
La oscuridad se apoderó
de la noche trasnochada
por la luz de las estrellas
que contábamos juntos
en la cercanías de las distancias
de los andenes encapuchados.
Oí la melodía tambaleante
del salón sepia de los sueños
lleno de voces serpenteantes
por el champan cristalino
de los juramentos.
Solté mis brazos cansados de vivir
calcé mis zapatillas rojas
fui a buscar la flor amarilla
en el desierto de la fronda
donde el cristal rosado
perdió su color
y el árbol de las neblinas
acunó los ánades silenciados.

Mariela Lugo

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