Al despuntar el día, vi la claridad de la noche
una vez más, ceñida entre frías sombras
Sombras que se apoderaron de mi espíritu
en aquel amanecer de cristales rotos,
por la cruda realidad de sueños cercenados
entre palabras ya sin ecos

Ecos de una vida, difuminada en el vaho
de aquel espejo, ayer compartido
y que hoy se veía sólo
ante la adversidad de sonrisas
carcomidas por los días
entre llantos de impotencia

Llantos ahogados en el fondo de tu ser
escondidos entre los poros de tu alma,
ajada por los sinsabores de otros tiempos
en los que el brillo de tus ojos
iluminaba las noches
disipando las sombras

Noches que hoy se apoderan
de los caminos que transitas,
entre la soledad de tu corazón.

María Glez. Méndez.

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