Hay momentos en los que dar la espalda a lo cotidiano te enseña que no era todo como pensabas.
Duele ver la realidad, que no es la misma que guardas en el fondo de tu alma
Duele sentir que nada a tu espalda pesa como lo hace en el interior de tu corazón
Duele el dolor de las lágrimas que nunca quisiste derramar
Duele el dolor de unas manos vacías
Duele el dolor de oídos sin palabras que escuchar
Duele el dolor de océanos de sentimientos desgajados entre la marabunta de noches sin luna

Duele, pero,
debes de volver a mirar al frente,
dibujar tu mejor sonrisa, y
decirte
" aquí no pasó nada "

Duele, pero,
sabes que es el destino
grabado en tu camino

Duele, pero ...

María Glez. Méndez

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