Mis pasos agotados transitan los aires,
mi rostro saborea la brisa insistente
de los parajes desconocidos,
siento el óleo sordo que salpica mis horas,
pierdo la noción orientadora de los espacios,
no sé si mirar al norte o al oeste,
el sur y el este se confunden en mi búsqueda.
Solo veo el cielo imponente
los horizontes se abren solícitos
ante la esperanza verde de pasos de triunfo.
Duele el azogue inquieto de tus años ligeros,
tu camino se lleva mi voz,
te acompaña el canto breve del gorrión vecino
y la santa que con ojos de amor
no olvida jamás a los viajantes.
Mis gestos se envuelven en el tiempo de espera,
pero no se cansan de estar allí para dibujar
abrazos y palabras viejas.
Te enhebra mi mirada nublada de cansancio,
te busco en el abedul de mis versos,
te abrazo en el azul del cielo que albergó tu vuelo,
te brindo la mano ajada de los ancestros.
A lo mejor soy yo la que me ido de ti
los tiempos trastocan la memoria aturdida de lágrimas secas,
Siento la evaporación de la lluvia de la cual te cobijé
para que los catarros se mantuvieran distantes.
Mi vigilia es ahora compañera de tus proyectos,
y mi sueños huelen a tus dibujos, a las techas del ordenador,
a tu voz pausada de soluciones,
a tus lentes de paste dura.
No borro instantes solo los enumero
con mi aguja de mil puntadas
ando en el tejido de la vida multicolor.
La fe acompaña la esperanza,
la música, trae los instantes de ayer,
el amor estará incólume cuando el
vuelo regrese a casa grande
plena de senderos seguros para los que te siguen.
Me voy contigo con mis sueños,
saltaremos las frondas y el agua del río bañará las palmas encumbradas en el mañana.

Mariela Lugo

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