El viejo molino

Miraba hacia afuera
buscando a la luna
que quizás esta noche 
siguió otro sendero.

No había una estrella
brillando en el cielo
ni en el parque vecino
un farol encendido.

Qué oscura la noche
tan llena de bruma,
que triste los nidos
sin trinos ni plumas.

Solo el viejo molino
rompía el silencio
con el grito apagado
de sus aspas al viento.

Quizás si esos ojos
que a la luna no vieron,
podrán ver al alba
dos lindos luceros.

María Elena Astorquiza V.

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