El invierno aterrizó en el fondo de mi ser
La nieve se incrustó en el camino de mi alma
viajera solitaria por el mundo del dolor
El sol se apagó antes del amanecer
de mi corazón sediento
La luna ya no brilló
en las noches de sin razón
bajo las congeladas huellas
de las caricaturas de los ayeres

Mi mundo se congeló,
entre alféizares de puertas cerradas
y, ventanas abiertas al dolor,
entre brillos apagados
y, lágrimas ancladas en los sueños,
entre gritos de calor
y, oídos sin sonidos

El invierno,
la nieve,
inundan de blanco
el camino inaccesible
de la vida que se diluye
antes de tiempo,
dejando grabadas
las siluetas de unos pies cansados
por el peso de las piedras de sus zapatos...

María Glez. Méndez.

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