Caminar con amigos

Creí que eso era vivir.
Una carrera donde no importaba el obstáculo que tuviera frente a mí, debía levantarme tan rápido como caía.
Hasta que los obstáculos fueron muchos y duros y las caídas continuas.
Me exigí levantarme, lo hice siempre, pero quedé sin fuerzas.

Me cansé de subir escalones, sin esperar que alguien me tome de la mano.
Me cansé de tragar mis lágrimas por temor o vergüenza.
Me morí con los ojos abiertos y la boca cerrada.
Me quedé en el suelo, sin saber qué hacer.
Sin un camino que seguir.

En ese desierto de emociones, comencé a aprender que algunas manos podían ayudarme.
Que las lágrimas a veces son necesarias, aunque quemen mi rostro.
Aprendí a extender mi mano ya no solo para dar, sino para recibir.
A perdonarme si no gano mi propia carrera.
A querer aprender a caminar.
Y en ese camino estoy aceptando que hay cosas que se pierden y no se recuperan.
Que hay seres que se van, porque así debe ser.
Y hay otros que se acercan con una sonrisa de regalo y llenan el corazón.

En ese camino encontré a mis amigos.
Encontré manos siempre dispuestas,
voces que acarician el alma,
palabras que acompañan.
En ese camino me encontré.
Es el que Dios me dio y el que yo elegí.

Patricia Gold

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